Fuente Sonia Moreno | Diario Médico
El deporte marca una diferencia en la calidad de vida del paciente con cáncer, así como en su recuperación; la investigación actual indaga en las causas biológicas que lo explican.
Las bondades del ejercicio físico en la prevención del cáncer son bien conocidas. La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) recuerda, con motivo del Día Mundial de la Actividad Física que se celebra mañana sábado, que “la prevención del cáncer empieza con solo 30 minutos de ejercicio físico al día”. Mantenerse activo puede reducir hasta un 30% el riesgo de cáncer de mama, colon, vejiga urinaria, endometrio, esófago y estómago. Hay estimaciones que indican que casi el 20% el riesgo de mortalidad específica por cáncer puede evitarse manteniendo una vida activa.
El influjo positivo del deporte no se detiene en la prevención del cáncer, sino que se extiende a lo largo de todo el eventual proceso oncológico, incluyendo el tiempo del tratamiento y de la recuperación. Así lo indica César Rodríguez, presidente de SEOM: “Realizar ejercicio físico es seguro durante todas las etapas asistenciales del cáncer, incluso durante los tratamientos activos como la quimioterapia, ya que se asocia con su mejor tolerancia, e incluso podría aumentar las respuestas”.
Mantenerse activo ha demostrado mejorar la calidad de vida y disminuir los efectos secundarios derivados de los tratamientos, al aumentar la capacidad cardiorrespiratoria de los pacientes y reducir la fatiga, y mejorar la percepción de su salud.
Un estudio randomizado pionero que combinaba ejercicio aeróbico y de fuerza y llevado a cabo en cáncer de mama demostró beneficio en la supervivencia. “Parece que este beneficio se basa en el hecho de que la contracción muscular genera sustancias en la sangre que activan células del sistema inmune que tienen acción directa antitumoral”, recordaba a DM Lucía González-Cortijo, jefa del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, centro que cuenta con programa supervisado para el enfermo con cáncer, desarrollado con el Servicio de Medicina Deportiva y Rehabilitación del centro.
Si bien los datos más sólidos proceden de estudios sobre pacientes con cáncer de mama y de colon y recto, el beneficio se extiende a otros tumores como el cáncer de próstata y de pulmón.
“Mantenerse activo ha demostrado mejorar la calidad de vida y disminuir los efectos secundarios derivados de los tratamientos”

EXPLICACIÓN BIOLÓGICA
Las causas biológicas que subyacen a la relación entre actividad física y desarrollo de tumores son ahora objeto de una intensa investigación. Así lo destaca a DM César Rodríguez, presidente de SEOM: “Entre los diferentes mecanismos moleculares que se estudian, las vías de resistencia insulínica o las de estímulo de factores de crecimiento que con la reducción de ejercicio físico se ven inhibidas parecen influir en la proliferación tumoral. Hay rutas comunes que tienen que ver con el metabolismo de los hidratos de carbono y el del ejercicio físico y el desarrollo tumoral que ahora se encuentran en plena investigación”. Ampliar el conocimiento de las rutas moleculares (cross-talk) por las que el ejercicio físico impacta de forma positiva en el cáncer es, apunta este especialista, una de las líneas de investigación actuales de especial interés.
Lo suscribe Javier Núñez, médico responsable del Atlético de Madrid, quien menciona en concreto los estudios desarrollados en torno a las cascadas moleculares del AMP cíclico y el ATP de la célula y su relación con el consumo de energía del cáncer.
Junto a la investigación en un nivel básico, Javier Núñez aclara a DM que otros estudios de cohorte y comparativos entre grupos de pacientes también han mostrado que la esperanza de vida se alarga entre aquellos que practican deporte con regularidad.
NO HAY FÓRMULA ÚNICA, NI ‘MÁGICA’
El ejercicio se convertiría así en una prescripción útil para todos los enfermos, en las diferentes etapas de su proceso, pero, apunta este experto, con un matiz importante: “No existe una única fórmula, un programa concreto de actividad física o de deporte, que garantice que se evita el desarrollo del cáncer. No funciona así”.
Tampoco debería hablarse de ejercicio físico en abstracto: “A la hora de prescribir ejercicio físico a los pacientes con cáncer”, dice César Rodríguez, “es esencial una adecuada valoración de su situación basal, y de las comorbilidades, tratamientos, síntomas y aspectos socioculturales de cada paciente”.
Por ello, la SEOM ha elaborado el documento de posicionamiento “Ejercicio en los pacientes con cáncer: niveles asistenciales y circuitos de derivación”, que ya está disponible para consulta de los profesionales sanitarios, y está preparando un artículo científico que se publicará en la revista Clinical & Translational Oncology (CTO).
«La forma física del paciente es un factor que también puede tenerse en cuenta antes de llegar al quirófano, con el objeto de mejorarlo.»
PROGRAMAS DE PREHABILITACIÓN
Para ello, la prehabilitación se sirve del ejercicio para aumentar la capacidad funcional de los pacientes antes de la intervención quirúrgica. Se persigue así optimizar los resultados y la recuperación de los enfermos.
“Son programas de ejercicio físico bien estructurados, tras una evaluación previa del paciente, que se ponen en práctica durante un periodo corto de tiempo, normalmente en las semanas del preoperatorio”, explica César Rodríguez. “Hay estudios realizados en cáncer de colon donde el programa de ejercicio físico dirigido, que incluye ejercicio de fuerza y aeróbico, mejora desde el punto de vista físico el abordaje quirúrgico, de forma que se minimizan las complicaciones y mejora la recuperación por parte del paciente”.
Este tipo de programas ya se llevan a cabo algunos centros hospitalarios, aunque el especialista puntualiza que se trata de una estrategia muy incipiente.
La incorporación de la prescripción de ejercicio físico al paciente oncológico todavía se encuentra en su “infancia”, reconoce César Rodríguez; “quizá una de las limitaciones que tenemos es la falta profesionales adecuados en los hospitales”. De ahí que haya instado a la incorporación de estos perfiles, así como a la formación específica de los prescriptores de ejercicio.
Fuente Sonia Moreno | Diario Médico